Primero de Mayo 2020, Estallido, Pandemia y Revolución

por Aquiles Torres

La inconmensurable explosión del Octubre chileno hizo estallar por los cielos 30 años de paz y gobernabilidad burguesa. Detonó los sueños del consenso neoliberal impuesto por la dictadura y el acuerdo por la paz protagonizado por los poderes imperiales, las fuerzas armadas autóctonas y el aspiracionismo pequeñoburgués a fines de los años 90 del siglo anterior.

De un violento plumazo fue barrido el velo de la alienación capitalista sobre el conjunto de la clase trabajadora, el proletariado, que abrazaba la conciliación de clases y que negaba o ignoraba las verdades ocultas de la Historia. El viejo topo emergió de su tumba, quemándolo todo en un violento espasmo que remeció hasta los cimientos mismos de la monotonía normalizada, esgrimida como exitismo primer mundista, manejada como una sistemática, tangible e ineludible explotación y expoliación esclavista propia y característica del tercer mundo.

Corrido el velo, despejada la niebla, el temor de las clases dominantes se hizo presente. Así como el recién nacido a la luz del mundo desconoce lo que ve, no solo no distingue, sino que sus órganos sensoriales no comprenden aún el cambio de estado en que se encuentran y el nuevo mundo que descubren, la clase proletaria no podía de ninguna forma, de inmediato comprender la totalidad de su situación, de la misma forma que el violento parto la había arrojado al pavimento desolado.

Es así como desde las exánimes mas no fenecidas entrañas de la dominación capitalista surgió la alternativa de un nuevo acuerdo por la paz, que intentó nuevamente velar y nublar la vista del recién nacido. Le fue ofrecida, a vista pública el rimbombante acuerdo del 15 de noviembre, que prometió la posibilidad de plebiscitar la construcción de nuevas reglas. Sin embargo, la apariencia anodina de la Historia, que no obstante juega y desafía la voluntad de la humanidad, la situó ante un nuevo reto, la pandemia mundial.

La incertidumbre se hizo regla. La clase trabajadora, que desafiaba al poder y lo hacía tambalear, vio escapársele su oportunidad de las manos, y se replegó ordenadamente. Señaló la importancia de preservar la vida, de preservar las fuerzas propias para un combate futuro e inminente en grado sumo. Lo previó con claridad. El poder empresarial, el enemigo, la clase dominante, la burguesía, se lanzó con toda su energía a intentar no solo recomponer su delicada situación, sino que pasar diréctamente a la ofensiva, y porque no señalarlo, recuperar el statu quo de precarización permanente de la clase proletaria. Y atacó ferozmente las condiciones básicas del empleo, y con sus lacayos parlamentarios y de medios de comunicación instauró la nueva normalidad, suspendiendo salarios, suspendiendo relaciones contractuales, entregando ingentes rescates y prebendas a sus colegas burgueses. Se auto rescató con nuestro dinero, con nuestra riqueza, con el producto de nuestro laborioso esfuerzo creado socialmente y apropiado en forma privada.

El sistema de salud de las masas precarizado, no obstante “el mejor del mundo”, se ha sostenido a flote a punta de dejar morir gente sin atender, y sin registrarla. La magia contable y administrativa del cocinero mañalich, sostuvo durante algunos meses el engaño que comienza a desmoronarse, con el incontenible incremento del problema sanitario que inunda y ahoga la salud del hogar proletario más necesitado. La realidad emerge cristalina de cara a las masas, inocultable la faz del enemigo se vislumbra en los dirigentes políticos más conspicuos: Piñera, Mañalich, Ponce Lerou, Alllamand, Pinochet, Bachelet, Frei, Lagos, Aylwin, Luksic, Angelini, Matte, entre otros; son quienes han propiciado la muerte del pobre, del proletario, hombre, mujer y niño.

En medio de la debacle, las grandes corporaciones, en la más inigualable de las burlas reparten onerosas utilidades a sus dueños, mientras, con una lágrima en la garganta solicitan más rescastes al Estado.

Al mismo tiempo que las AFP acumulan y reparten excedentes gracias al ahorro forzoso a que nos sometió la dictadura y que perfeccionaron los gobiernos posteriores; los dineros pertenecientes a toda la calse trabajadora se juegan en el casino de la bolsa, y producen pérdidas miltibillonarias. Paralelamente, ellos celebran el éxito de su sistema. En la otra vereda, los ingenuos representantes de un otrora digno movimiento se pavonean en el parlamento con propuestas de derogaciones sin ninguna importancia concreta ni menos consecuencia práctica. Como toda la clase sabe, esto no logrará ser aprobado por el parlamento corrupto, ni menos por el TC, ni menos aún por las fuerzas militares. Pero nada de esto importa al aspiracionismo pequeñoburgués de los gremios, ellos solo quieren un puesto en la mesa de los poderosos.

El desmonoramiento del exitismo infundado, la designificación de las categorías de la alienación como son los “colaboradores”, los “partner”, cristaliza minuto a minuto, día a día en la conciencia de las masas explotadas, clarificando quienes son ellos y quienes somos nosotros. Quienes son los explotadores, y quienes somo los proletarios, de cualquier género y condición, hombres, mujeres, niños y niñas. La onda expansiva del estallido, debilitada por la pandemia inicial y aparentemente, resurgirá incontenible, porque no solo los abusos son y están siendo visibilizados con prístina claridad, sino que los hechos incontestables enriquecen la conciencia de la masa proletaria que identifica sin distingo al enemigo burgués, y al conciliador cómplice. Día a día se identifica con claridad las acciones inocuas, inútiles del parlamentarismo más pútrido, que no traerá más que engaños y decepción.

Sin embargo el avance de la conciencia como resultado del envión magnifico del estallido, y de la claridad que nos aporta el maldito virus y sus consecuencias, no se constituirán como resultado inevitable ni automático en una revolución. Solo la conciencia de las masas convertida en organización, solo la conciencia proletaria convertida en partido de la revolución puede llevar adelante una lucha cruenta y dura hasta su resultado final, la victoria.

Este primero de mayo de 2020, es especial en el sentido de lo relatado. Constreñidos por muchas calamidades, entre otras la explotación propia del capitalismo, la pandemia y la crisis económica profundizada, la clase proletaria, los creadores de toda riqueza no tarda en estallar en una explosión revolucionaria decuplicada, continental y mundial.

Santiago, 1 de Mayo, 2020

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