Crónicas de Octubre – Algunas reflexiones sobre la rebelión de Octubre (y Noviembre)

Introducción

EL 5 de Noviembre de 2019 Jonás vuelve a la carga, escencialmente para conocer el estado de su publicación, e intentar enterarse de por qué razón no ha sido publicada, el mensaje es el siguiente:

Hola compas, hace unos días escribí un artículo de opinión titulado: Los motines del metro y la lucha de clases, donde integraba lectura política del momento con la experiencia de estos días; más allá de haberlo escrito yo, me parece que lo que se planteaba ahí es bastante bueno y aporta harto al debate, sin embargo durante estos días no lo veo en el diario, lo he buscado en todas las secciones y no me aparece; no se a qué se deberá o quizá es error mío, pero sugiero que ese texto -de los pocos publicados en el diario (no el único) que intenta dar una reflexión más política sobre estas jornadas- pudiera estar en categoría destacado junto con los textos de reflexión política que se han emanado desde la organización y la militancia, y quizá por el momento sacar de esa categoría artículos que a mi parecer han perdido cierta relevancia dada la coyuntura (los del inba, la agp del día de la mujer, el lienzo contra Trump, tc.). Creo que eso aportaría de mejor manera a instalar la línea política del proyecto, la imperiosa necesidad de esta coyuntura. Saludos.

Jonás, 5 de Noviembre de 2019

Por supuesto, a esas alturas su texto no había sido publicado y tampoco lo sería, sin embargo nuestro compañero siguió insistiendo y el día 7 de noviembre envió un nuevo mensaje:

Hola, soy quien escribió el artículo “los motines del metro y la lucha de clases”. Encuentro inaudito que se haya bajado una opinión política solo porque se le atribuye la autoría a tal persona; desconozco si tienen vetadas de opinar y publicar a militantes o colaboradores de la organización, si fuera así no es mi caso; lo mínimo es que se cercioren primero de quién lo escribió, de lo contrario es mejor no subirlo. Si la motivación no fuera personal y es política, por el contenido de la opinión, el artículo en todo momento defiende y aplica la línea de la organización, la complementa. Dado el escaso aporte de la militancia en general a la publicación de temas durante las actuales jornadas (me refiero al diario y a nada más) creo que es una necesidad tener ese artículo en pie. Saludos.

Jonás, 7 de Noviembre de 2019

Sin embargo, a pesar de la insistencia con que exigía la publicación, el artículo jamás vería la luz del sol, a pesar de todo, el compromiso militante y su iniciativa se mantuvieron incólumes y volvió a la carga el 14 de Noviembre con un nuevo artículo, que reproducimos a continuación.

Algunas reflexiones sobre la rebelión de Octubre (y Noviembre)

En estos momentos la satisfacción me inunda, no por complaciencia, sino por constatar materialmente que los ánimos de lucha, confrontación y cambios se fortalecen día a día en los corazones de nuestro pueblo. Después de dos semanas de pelea intensa, noté que tímidamente el discurso de normalidad impuesto por las clases de dominantes, de criminalización y de buscar generar cuñas en nuestro pueblo, lograban ciertos efectos, así como también el ánimo de las masas en lucha se apaciguaba de cierta manera. Habrá sido conservadurismo propio, sobredimensión de la táctica del Gobierno, desconexión con la realidad, mala lectura o bien, los vaivenes de la lucha, lo cierto es que con el paso de los días las manifestaciones multiformes que nuestro pueblo emprende se fortalecieron, la masividad se ha sostenido, las migajas del Gobierno no han logrado coaptar los deseos de cambios, las volteretas de nuestro legisladores no tienen eco en la base del movimiento y la radicalidad es un bien cada vez más preciado que nuestra clase cautela y amplía.

Sin ser conscientes de ello, las más amplias masas de nuestro país ejecutan sin que nadie les de la orden, las enseñanzas que la historia de la lucha de clases nos ha brindado. Frente a los sectores que intentan apaciguar el movimiento, que temen porque las masas insurrectas los barran de la historia, el ánimo de nuestro pueblo es una gran desconfianza hacia ellos. Frente a las migajas que la “agenda social” nos da, nuestra gente se ha levantado con más rabia y valor para imponer por la fuerza su parecer. Ante las medidas coercitivas del Estado para aplastar la revuelta, la violencia popular se ha masificado, ha ganado prestigio, cualificación y suma cada vez más sectores a su ejecución. Afortunadamente las masas, dada su simpleza más concreta y por ello más brutal que cualquier mero análisis sociológico -de esos que abundan hoy en la farándula política- no respetan ni esperan a nadie para reivindicar e intentar imponer sus intereses, de ahí que su objetivo no sea tendiente a discutir formas, sino imponer los fondos de sus problemas. Las masas que van a recuperar mercancías de grandes empresarios coludidos no se detienen ante las pequeñeces de si nos quedarán supermercados donde ir a comprar la mercadería a fin de mes, o de si la última cadena de farmacia que hay en la comuna va a cerrar sus puertas por un par de meses, no, en los momentos de efervescencia popular, de liberación de las rabias históricas, de explosión de las cuentas diarias que todos tenemos, se rompe el conservadurismo natural que la vida en sociedad mediante sus intermediaciones construye e impone; cuando la paciencia de las mayorías se rompe y la gente se desata, se viene abajo toda la abstracta simbología del orden y los consensos de legitimidad y orden establecido representados en un metro, un paradero, una estatua o un carabinero.

Uno de los grandes y variados logros del mes de revuelta quizá sean los aspectos simbólicos, aquellos que teniendo sustrato material, operan en las mentes y sentimientos de la persona que sostiene la movilización en cualquiera de sus múltiples aspectos. Justo cuando el discurso posmoderno nos indicaba que la historia se había acabado, que el libre mercado es lo único posible y que este más encima generaba prosperidad, nuestro pueblo rema con fuerza a contra corriente del discurso imperante de la intelectualidad y corre el cerco de lo posible. A nuestro pueblo ya no le podrán decir de que no las cosas no se pueden cambiar, que hay que proteger la estabilidad, de que hay que ser responsable con las cosas que se piden, de que debe poner la otra mejilla una vez más. Basta con eso, la gente empieza ahora a comprender su rol de actor político, comienza a tantear el poder que realmente posee cuando se une con otros, sabe que una reja es simple derribarla cuando actúa con decenas de explotados. Hay un nuevo sentido común que se viene gestando hace varios años, pero que hoy avanza con mucha fuerza hacia la izquierda. No son solo los recuerdos de lucha contra la dictadura, los cacerolazos y la musica de Sol y Lluvia que hoy se escucha en todas partes, el simbolismo de estas jornadas, expresión política concreta y no teoría abstracta, ha quedado palmariamente expresado también en mucho hechos como por ejemplo el derribo y destrucción de variadas estatuas de los próceres de la historia burguesa, los que representan la violencia histórica contra el pueblo y los dominados, y particularmente la colonización de los pueblos originarios; también es necesario destacar un fenómeno que estas semanas ha estado muy presente como lo son los ataques a comisarías y cuarteles militares, los símbolos de la represión donde se organizan y planean los golpes contra nuestro pueblo y en los cuales se ejecutan las nuevas sesiones de tortura. Las familias de los detenidos, golpeados, abusados y torturados, los amigos y gente solidaria, van a cobrar la justa venganza por los vejámenes cometidos, no esperando actos de justicia de parte del mismo Estado que los reprime ni buscando derechos humanos que intermedien las tensiones abiertas. Esto es sintomático del momento que se vive y refleja uno de los aspectos políticos más relevantes de la coyuntura, el Estado como aparato de dominación de una clase sobre otra, debiera ser garante de que los conflictos al interior de la sociedad se atenúen, engrasa los mecanismos sociales para que el roce sea menor, sirve de colchón a fin de amortigüar los golpes, pero hoy todo eso es bien relativo, la acción directa contra los abusos y sus representantes que pueden resumir todo lo hecho por el pueblo durante estos días, se ha ganado un lugar y ha puesto en cuestión parcialmente el rol del mismo Estado. Parte de lo simbólico es también que una institución históricamente marginal dentro de la sociedad, aunque con un servicio incuestionable y loable, como lo son los Bomberos, sea el ente mejor evaluado dentro del país, los con más respeto y confianza. Sin querer extenderme en ello, urge comprender qué le sucede al país que toma cada vez más distancia de todas las instituciones y aspectos que en teoría debieran representarlo y cohesionarlo. Ni municipalidades, centros de justicia, organismos educacionales y de registro civil, cadenas privadas, sedes de partidos políticos se han salvado. La crisis representa más que un simple estallido y demuestra que la situación no será salvada por reformitas cosméticas ni con los desesperados llamado a la unidad que todos los sectores hacen. En este sentido nuestro pueblo hoy se encuentra ajustando cuentas con el pasado y reescribiendo la historia, estamos haciendo la historia.

Estas semanas han sido muy dinámicas, han dado giros veloces y saltos muy pronunciados; de evasiones masivas pasamos a una rabia vertida hacia la infraestructura de Santiago, con mucho fuego de por medio, saltando de ahí a la aparente solidaridad de todo el país hacia la revuelta de la capital, que no era más que la excusa para que la provincia expiara sus propias rabias e inquietudes. De la rabia más brutal pasamos a la unificación de todas las luchas y demandas que cruzan de sur a norte el país. A su vez, la dinámica de la lucha hizo predominar durante algunos días el gremialismo, donde las demandas fueron siendo expresadas de forma particular por cada sector, para volver luego a la unidad general en base a la demanda masiva por una Asamblea Constituyente. Del tratamiento por parte del Gobierno como un tema de exclusivo orden público, donde la fuerza policial fue categóricamente superada, situación que tuvo que ser salvada con los militares en las calles, lo que a su vez es derrotado por la lucha de nuestro pueblo, Piñera luego de declarar la guerra al país recula y llama al diálogo e impulsa una agenda social, se pone a la defensiva, en tanto la agenda social -que a fin de cuentas no soluciona nada y sirve para seguir drenando recursos a los privados- es nuevamente derrotada en la calle, a lo cual nuestro querido Presidente impulsa una agenda represiva, la cual nuevamente es superada por la masividad y la radicalidad de nuestra clase, la misma que echó abajo el cuento del oasis, la que tumbó el gabinete, el alza de los 30 pesos, de la tarifa eléctrica y el Tag, la que canceló la Cop25, la Apec, la final de la Libertadores y contando. Luego de resistirse a un cambio constitucional pasa a estar abierto a una serie de reformas a la Carta para finalmente tener que ceder a plebiscitos y convenciones, y en eso estamos aún, aunque creo yo que tendrá que seguir soltando cosas. Curioso es constatar que quienes asumen hoy la dirección política de la sociedad sufren un paradójico desfonde político al cual han tenido que ir a salvar todos los sectores que tienen algo que perder. Tácticamente el bloque en el poder ha sufrido crónica de muerte anunciada, donde cada una de sus iniciativas ha llegado tarde o ha sido derrotada. Después de asegurar en una entrevista que terminará su mandato, solo queda echarlo abajo e instalar una Asamblea Constituyente que barra con toda la herencia de la dictadura, esperemos que ese sea el próximo salto que logre dar la pelea.

La agudización de la lucha de clases no ha dejado indiferente a nadie, todo el país sufre de agitación, de esto no se salva ni el cuico más facho que teme que los simios de tez oscura vayan a quemarle su mansión a Lo Barnechea, hasta el wachiturro más choro de una población marginal que sale a quemar basura para sacarse una selfie y después pelear con los paco; entre medio de estos 2 sujetos está la inmensa mayoría del país, la señora que cree que le quemaron SU supermercado, mi papá que un vez votó por Piñera y hoy lo quiere colgado, el trabajador que apoya el corte de ruta que lo retrasa en su llegada a la pega, la persona que apoya el movimiento pero odia a los encapuchados, los chalecos amarillos, hasta quien escribe, que se regocija por saber que los ricos sienten miedo.

Es curioso como la lucha va trastocando cada uno de los aspectos que configuran la vida de un país, por más repetido que haya sido durante estos días la figura del oasis de Piñera, es tremendamente significativo que la aparente paz que este tipo reivindicaba a nivel internacional se haya ido al carajo, así como sus credenciales de líder y mediador en las turbulentas aguas mundiales; su aparente peso diplomático, magnificado por una prensa totalmente ignorante de lo que habla, murió en 14 días y se fue para siempre, en lo que debía ser uno de los grandes legados de su administración ¿Alguien sabe qué pasó con ProSur? Otro aspecto que intentaba encarnar Piñera eran las credenciales democráticas, las que salía a repartir al mundo y que tenían como foco principal la denuncia del proceso venezolano, en el cual nuestro gran Presidente empujó de manera sistemática la intervención y desestabilización del país caribeño; hoy se abre con mayor fuerza otro aspecto que pone en tela de juicio y a la defensiva a la administración gobernante y es que internacionalmente, vale decir: organismos internacionales, parlamentos europeos, medios de comunicación por montones, comparan la actual situación con la dictadura de Pinochet, criticando -con mayor fuerza que la prensa local- la violación de Derechos Humanos y la venia hacia la brutalidad militar y policial. La presentación internacional de nuestro país se ha degradado enormemente, de ser el ejemplo de estabilidad en Latinoamérica, de un espacio seguro para invertir, de un Estado con responsabilidad fiscal y de un sistema político que funcionaba, ahora estamos en el ojo del huracán, con serias críticas de inversionistas, de capitales que comienzan a migrar y de creer a expertos economistas, una posible recesión. La imágen internacional ha sido una de las grandes derrotas del Gobierno -y por extensión del Estado- en la coyuntura y un factor determinante en el cambio de tono de Piñera para tratar de salvar la situación.

Otro aspecto relevante del momento tiene que ver con la reconfiguración que por obligación deben hacer las fuerzas políticas institucionales. Como desde el Frente Amplio hasta la derecha temen a las fuerzas que no pueden controlar, las que al fin y al cabo hieren el sistema del que estos representantes profitan, deben hacerse parte de los nuevos tiempos -con más o menos convicción- y dan en algunos casos grandes volteretas, verdaderos saltos olímpicos para no perder estas nuevas oportunidades de negocios que la crisis abre para ellos, y es que desde el arco concertacionista hoy reniegan de todo lo que ellos hasta hace unos días defendieron con tanto vigor, de la obra que ellos perfeccionaron, del modelo que administraron durante 30 años, el que les dio tantos dividendos políticos, pero sobre todo económicos. Los mismos que les entregaron en bandeja jugosos negocios a los grandes empresarios (créditos educacionales, propiedad del mar de nuestro país, derechos sobre recursos naturales, exención de impuestos, para que seguir) y que impidieron que alguien más allá del duopolio pudiera decir algo dentro del sistema, evitando siquiera un rasguño al modelo heredado de la dictadura, los mismos que tuvieron en algún momento base social y que para ser parte del bloque en el poder debían renunciar a cualquier utilización de su influencia para politizar a esos sectores, sí, esos mismos hoy se lamentan de los abusos del sistema contra la gente, que sufren por que la sociedad ya no los pesca y se deciden ‘‘de una vez por todas a acabar los abusos’’, viendo la salida en una Asamblea Constituyente’’. La DC, el PPD y el PS, los mismos que para llenarse los bolsillos y seguir existiendo se levantaron las faldas ante la dictadura y renegaron de todo lo que en algún momento defendieron, en el caso de los últimos que vendieron sus cientos de muertos, hoy abogan por algo que pudieron haber hecho en 30 años, aunque hubiera sido de palabra. Tenemos también al Frente Amplio -quienes se llaman así solo porque el nombre de Democracia Cristiana está ya ocupado- los que no sin contradicciones internas, y con un ‘‘sistema binominal’’ interno donde acallan las expresiones verdaderamente populares en su seno, han sido un pata coja de apoyo del Gobierno, que en vez de ocupar su palestra parlamentaria para realizar críticas contundentes y golpes serios al sistema, prefieren aliarse al Partido del Orden en la criminalización y encuadramiento a los sectores más radicales; estos señoritos y señoritas, que seguramente dentro de sus filas no tiene ningún muerto, ningún detenido ni torturado, a ningún baleado ni herido, pero que se atreven a decirse representar los deseos de cambio del pueblo, que está siendo brutalmente reprimido en la calles y hasta en sus casas, lo único que han hecho durante la coyuntura ha sido lanzar voladores de luces, discursos bonitos que no se orientan en ningún caso a ejercer mayor presión sobre el Gobierno; en vez de agitar masivamente con sus parlamentarios, en los sectores sociales que dirigen y a los cuales pueden llegar, la violencia inefable que cometen los cuerpos de seguridad del Estado, de empequeñecer las de por sí pequeñas migajas que el Gobierno ha dado, de salir al paso a la agenda ultrarrepresiva de Piñera, de haber condenado unánimemente el estado de emergencia y por ello haber castigado políticamente al Gobierno, se han dedicado en el fondo a resguardar el modelo, en pos de ‘‘revolucionarlo democráticamente’’¡! Javiera Parada era probablemente demasiado radical en su conservadurismo como para seguir perteneciendo al conservador Frente Amplio; también seguramente su padre debe estarse revolcando en la tumba al saber que su hija defiende lo que a él le quitó la vida. Fuera de esta personaje que no tuvo empacho en vestirse de blanco junto con férreos defensores -y protegidos- de la dictadura, queda un proyecto político que lejos de representar un ‘‘tercer tercio’’, se queda en el dos y medio, embaucando a la gente y ocupando a nuestros muertos y reprimidos para obtener espacios dentro de una institucionalidad podrida. A mi parecer lo realmente relevante dentro de los desplazamientos de la tectónica en la institucionalidad chilena, ha sido el tránsito que ha llevado a cabo Renovación Nacional, ex Partido de Piñera, quienes vienen siendo una verdadera quinta columna dentro del Gobierno, desmarcándose de manera muy evidente de su táctica; no hay que engañarse, estos caballeros no pierden de vista sus intereses, no dejan de ser defensores a ultranza del modelo, solo reconocen que lo bizarro del sistema que ellos crearon ha colmado la paciencia de las fuerzas motrices del país, ahí muestran un sentido de realidad superior a otros, eso es lo que les permite ‘‘sintonizar’’ más que la UDI, EVÓPOLI, PR y los propios círculos de hierro de Piñera. También por qué no decirlo, es la oportunidad de Osandón, Allamand y Chahuán de salir mejor parados en la debacle de la derecha y salvar un poco la presentación en vista a próximos largos años donde su sector no tendrá mucha oportunidad de volver a puestos de mando. De la UDI no hay mucho que decir, la gente les está hablando con el lenguaje de la acción directa, cosa que me pone feliz.

A final de cuentas cualquier salida que estos sectores pujen tendrá que ver con una nueva pacificación de nuestro pueblo, no solo con la pata represiva ya en curso, que ha dejado más de 20 muertos, miles de detenidos, cientos de heridos, torturados y abusados, con decenas de luchadores en prisión o en proceso judicial, también con la pata política con la cual el bloque en el poder, la burguesía del país, las marionetas del duopolio y de los jóvenes sectores progres que vienen a ofrecer gobernabilidad, intentarán coaptar las demandas, el descontento y la lucha, ocupando el espacio que nuestra clase ha ganado en las calles y con todas las consecuencias que ello ha tenido y pararse sobre nuestros hombros, para emular nuevamente el gran logro de la Transición: mandar para la casa al pueblo que combatió a Pinochet y que al fin y al cabo creó las condiciones para la salida del tirano. Hoy el tirano es el modelo completo, no solo su cabeza, también sus cimientos, los cuales nuestra lucha están haciendo temblar.

Quienes nos posicionamos desde la izquierda revolucionaria constatamos el atraso histórico de nuestra propuesta donde tenemos poca capacidad material para instalar de manera consciente nuestras ideas y plasmar nuestro discurso; sin ser complacientes ni pecar de soberbios, debemos reconocer sin embargo que nuestro discurso y política está siendo instalado y ejecutado por las grandes masas que están peleando, no por que nos escuchen o sepan siquiera que existimos, sino porque la línea política que venimos sosteniendo hace 8 años ha sido tremendamente justa, la cual no carente de errores y omisiones en diversos planos, posee una lectura de estrecho apego a la realidad. Las tesis que venimos sosteniendo hace años han ido dando cuenta una a una, en el plano internacional y local, que las contradicciones que arrastra el sistema capitalista son de dimensiones históricas y estratégicas, la crueldad con que actúa tiene solo parangón con la “época de las catástrofes” de las guerras mundiales, conflictos que preparan nuevamente, qué mayores ejemplos de brutalidad que los ocasionados en Venezuela, o los recientes hechos en Bolivia donde todo indica el inicio de una ‘‘contrarrevolución completa’’ contra los sectores obreros e indígenas del hermano país; en el mismo marco de crisis se enmarca el estallido chileno que a fin de cuentas es un desahogo de casi medio siglo de superexplotación y saqueo a escala de un país y su clase motriz. La profundización de la crisis de legitimidad, la lucha contra los pilares del modelo neoliberal, la necesidad de la denuncia política, la organización de la protesta y la masividad de la acción directa, entre otros elementos que hemos ido desarrollando progresivamente en nuestro actuar, se materializan hoy de manera más o menos espontánea por las franjas en lucha, de ahí la justeza de nuestros análisis. De todas formas la fortaleza y capacidad de una organización revolucionaria no se miden solo por sus acertados análisis, sino por sobre todo, ser una agente activo en la posibilidad de materializarlos, por ejercer dirección en el movimiento en lucha, sobre todo en sus franjas más combativas y ganarse el prestigio entre ellas; de estas últimas cosas estamos extremadamente alejados y sabemos que no es una tarea exclusiva nuestra, será una labor colectiva. Frente a esto lo más crudo hoy es constatar que somos un proletariado sin cabeza.

A mi parecer la posibilidad de que la lucha de un salto trascendental es que el proyecto revolucionario pueda plantear con honestidad los fondos políticos e históricos que sostienen el actual estado de revuelta, los que no son visibles a simple vista y de los cuales la auto actividad de las masas no es capaz de percibir en sus raíces más profundas. Al fin y al cabo lo relevante en última instancia es agitar e instalar en los más vastos sectores la lucha por el poder, la tarea política fundamental y esta tarea hoy nos la brinda la crisis, siendo estos eventos la única posibilidad de que la apuesta revolucionaria pueda tener oportunidad de instalarse y esto no es ninguna tesis inventada por algún intelectual, es la constatación histórica de la lucha entre clases, una verdad que ha sido revelada por las crudas victorias y derrotas de la clase internacional a la que pertenecemos.

Jonás, 14 de Noviembre de 2019

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